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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Ensayo Marciano

El gigante rojo

27 de marzo, 2040
Hoy se cumplen 5 años desde que los primeros colonos llegaran al planeta rojo y lo colonizaran en nombre de la humanidad. Este acontecimiento ha marcado un antes y un después en la historia de los terrícolas, no obstante, también tiene sus detractores. Estos consideran que la tecnología actual no está lo suficientemente avanzada como para permitir la supervivencia en uno de los lugares más hostiles que se pueden imaginar, y que han mandado a estas personas a una muerte inevitable. No puedo objetarlo, las condiciones de Marte son extremas, es un lugar prácticamente inhabitable, y por eso me dirijo en un transbordador a Marte ahora mismo. Hace una semana se perdió contacto con la base Colón, la primera base humana en Marte, y se especula que sus habitantes podrían haber desaparecido o incluso muerto. Los satélites no pueden divisar la base ya que esta se construyó dentro de una cueva para protegerla de la erosión producida por las tormentas de arena. Mi misión es encontrar a los colonos y asegurar que sobrevivan, ya que su muerte significaría el fracaso de la exploración espacial y de la NASA.

14 de abril, 2040
Estoy entrando en la órbita marciana pero aún tardaremos unos días en estar lo suficientemente cerca de la superficie como para aterrizar. Me acompañan Inna larkasov y Fredereic Studson, los astronautas más preparados que he visto; anteriormente habían hecho expediciones a la Luna y han logrado salir ilesos de situaciones mortales. Inna era mi compañera en la universidad y debido a sus notas sobresalientes se graduó un año antes que yo. A Frederic no lo conocía, pero me he hecho su amigo con mucha rapidez y lo considero alguien a quien puedes confiar tu vida sin ningún temor.

18 de abril, 2040
Hemos aterrizado en Marte a unos kilómetros de la base y el paisaje que veo es desolador; cuesta creer que alguna vez Marte pudiera tener grandes mares y que solo quede un cascarón vacío y yermo. A pesar de llevar mi traje, puedo sentir esa atmósfera, tenue y tóxica, compuesta casi por completo de dióxido de carbono, que se escapa lentamente hacia el espacio exterior. Ahora, debemos utilizar el vehículo de exploración para dirigirnos a la base Colón. Aún albergo la esperanza de encontrar a alguien con vida.

19 de abril, 2040
Hemos llegado a la base Colón, pero no hay signos de actividad reciente. El vehículo de exploración marciano no está por ningún lado y la escotilla se encuentra bloqueada desde el interior. El casco de la base no presenta ni un solo rasguño, ya que sus paredes, hechas de Grafeno, son capaces de aguantar las condiciones más extremas. Aparentemente, la base se encuentra en buenas condiciones, así que se descarta que fuera dañada.
Hemos abierto la escotilla con un cortador láser, asegurándonos de conectarla con un pasillo al vehículo de exploración para que, si alguien se encontrase dentro, no muriera debido a la despresurización o a una fuga de oxígeno.
Por desgracia, no encontramos a nadie dentro. Hemos sacado en conclusión que, durante una expedición, el hábitat se quedó bloqueado por un fallo del sistema y los colonos tuvieron que usar el vehículo para encontrar una manera de comunicarse con la tierra, pero, por alguna razón, no lo consiguieron. De todos modos, no todo son malas noticias, en el cráter Antoniadi (a unos 10 km) se construyó un refugio ideado para casos de emergencia. Esa es nuestra siguiente parada y nuestra última esperanza.

20 de abril, 2040
Cuando llegué al cráter perdí todo mi positivismo y cualquier esperanza de encontrar a los colonos. El Antoniadi, de cientos de km de diámetro, se encontraba tan vacío como el resto del planeta, y el refugio, a unos pocos metros, estaba en un estado deplorable. Lo único funcional que pudimos encontrar era el vehículo en el que habían llegado, y que había quedado enterrado bajo toneladas de arena. En un intento desesperado, los colonos habían tratado de utilizar el refugio, pero este era inservible y no les protegió de los vientos de 400 km/h que barren la superficie marciana. El gigante rojo, se ha llevado la vida de los primeros ingenuos que osaron subestimarlo.

2 de diciembre, 2040

Estoy en casa de nuevo, y no puedo quitarme de la cabeza mi última misión. La NASA ha sido criticada incesantemente por instituciones de todo el mundo, echando por tierra los planes de una colonia marciana. El ser humano, en su eterna arrogancia, creyó que podía superar a la naturaleza, pero se ha dado de bruces contra la realidad. Marte sigue siendo un lugar inhóspito, donde nada puede nacer o vivir, al menos, no los humanos. Pero esto no es un fin, es un nuevo comienzo, una nueva carrera por alcanzar el sueño de llegar a vivir en ese planeta, que quizás se llegue a cumplir, y que espero llegar a ver, pero en mi casa, con mi familia.

Procdencia

lunes, 14 de noviembre de 2016

Texto didáctico sobre Marte.

Un viaje sin retorno

Querida familia a la que dejé atrás:

Procedencia.
Procedencia
Lo primero decir que os echo de menos. Sé que a estas alturas, después de tres años sin escribiros, debéis de odiarme. Pero, debo decir que ha sido mejor así y que, de no haberme enterado de la noticia que voy a daros, en este momento tampoco os estaría escribiendo. Sé que vosotras sí me escribíais, cada cumpleaños y días del padre recibía vuestras cartas del año anterior (ya sabéis que aquí las cosas tardas mucho en ser entregadas). No las había abierto hasta hoy, el día que todo se ha venido abajo, el más triste desde que tengo memoria.
Felicidades por todos los cumpleaños, aniversarios, Navidades,... Hija, he visto en las fotos que venían con las cartas, cómo has crecido en estos tres años, aunque siempre serás mi pequeña y lo sabes. Quiero deciros también que estos orgulloso de las dos y que os quiero con todo mi corazón. Por este motivo no os he escrito hasta hoy, precisamente porque os quiero y con una carta solo hubiera conseguido haceros daño, y tal vez, en parte, porque soy un poco egoísta y no quería sufrir yo escribiendo.
Sé que queréis saber la noticia que me ha hacho escribiros esta carta, pero, necesito alargar lo máximo posible el tiempo antes de contarla porque, en el fondo, ni yo me la creo aún. Así que, primero, os haré un resumen de lo ocurrido durante estos tres años.

Cuando llegamos, tras ocho meses de viaje por el espacio en los que, afortunadamente, no hubo ningún percance, todos estábamos emocionados. Éramos los primeros humanos en pisar Marte, no os imagináis la sensación de poder que esto nos produjo. Era todo tan surrealista, parecía sacado de alguna película de ciencia-ficción de esas que solíamos ver los domingos y que siempre acababan en una pelea de cosquillas.
Los primero meses fueron los más duros, pero también los mas productivos en cuanto a avances y descubrimientos. En mi "apartamento", si así se le puede llamar, convivimos cuatro personas: una mujer llamada Leen, de Pekín; un hombre llamado Hassam, de Marruecos; otra mujer llamada Lucy, de América y yo. La verdad que, con la variedad de idiomas, las primeras semanas la conversación no era muy fluida. Nos enseñaron a utilizar la maquinaria necesario para producir nuestro alimento. También descubrimos lugares de donde era posible extraer agua y así pudimos salir adelante con los pocos recursos que teníamos.
Fue un trabajo muy duro lo reconozco. Hubo muchas disputas, la mayoría a causa del hambre (ya sabéis cómo me pongo cuando no tengo comida suficiente), pero, a fin de cuentas, conseguimos tener una buena relación.
No hemos descubierto vida extraterrestre, no esa con la que tú, hija mía, con esa imaginación que tienes, soñabas que encontraría. Nada de monstruos azules ( tu color favorito si mal no recuerdo), ni con tres cabezas como en tus cuentos. Lo que sí hemos descubierto son pequeños organismo que, quien sabe, en un futuro podrían ser eso que tanto imaginabas.

En estos tres años, he descubierto capacidades que no sabía que tenía. Ha sido un gran esfuerzo y, aunque por un lado me arrepiento, por otro desearía haberos hecho caso cuando me dijisteis que no me fuera, que podría contribuir a la investigación desde la Tierra. Desearía, sí, pero ya no puedo hacerlo. Y no puedo cumplir ese deseo. No puedo volver.
Me lo han comunicado esta mañana, cuando les pregunté por mi hora de regresar. Me han dicho toda la verdad, esa que no me contaron cuando me animaron a irme a Marte. No puedo volver por la sencilla razón de que me estoy muriendo.
Sí, sé que es duro, pero yo ya he aceptado mi destino, al fin y al cabo son consecuencias de mis actos. Os explicaré porqué, de una forma resumida para que lo entendáis.
Al parecer, la atmósfera de Marte no protege como la de nuestro planeta, por lo que los rayos solares afectan muchísimo más. Me estoy consumiendo a pasos agigantados, y no lo he notado hasta el día de hoy. Siempre he pensado que mi malestar era causa del cansancio. Pero no, mis huesos están débiles, mis órganos fallan y mi cerebro y corazón pronto lo harán, mucho antes del momento en el que esteis leyendo esta carta. Y lo siento, siento haber sido un ingenuo y no haberme informado lo suficiente, siento haberme dejado engañar y haber caído en esta trampa. Creí que todo iba a ser más fácil, que volvería a la Tierra como un héroe u que estaría de nuevo con vosotras.

Creo que ya está todo dicho y, como no quiero alargar mi sufrimiento, ni el vuestro, ha llegado el momento de despedirme.
Procedencia.
Por favor, continuad vuestras vidas como lo habéis hecho hasta ahora. Sed felices, por mí, por vosotras. Sois la mejor familia que un hombre puede soñar. Pequeña, crece sana y fuerte, que yo estaré orgulloso de ti desde donde esté y seré feliz si tu lo eres. Vive, ríe y disfruta de la vida por todo lo que yo no he podido vivir. Y a ti, a la mujer con la que me casé y a la que quiero más que a mí mismo te digo que sé que podréis salir adelante y que cuides de nuestra pequeña.

Os quiero y estaré siempre con vosotras,

PAPÁ.